miércoles, 25 de octubre de 2017

Y la Bestia volvió a rugir en Sevilla. Stravaganzza.


STRAVAGANZZA.El regreso.
 Sevilla, Sala Custom (21/10/17)

     Las crónicas siempre hacen aflorar lo subconsciente, lo subjetivo, algo que se evidencia aún más cuando es Stravaganzza quien lleva la voz cantante. Razones para ello no faltan, y las aglutinaré al describirla como una banda sin complejos que hace años se atrevió a marcar un punto de inflexión en el panorama heavy del estado. ¿Lo mejor? Que llegaron a conseguirlo. Me influyeron entonces, y lo siguen haciendo más de una década después.
    La reunión de Stravaganzza ha sido una de las mejores noticias del año, sobre todo al saber que no se plantean dejarlo en mera efeméride. Anunciaban un show completo capaz de explotar al máximo la esencia de su huella tan peculiar, y cumplieron ampliamente las expectativas creadas: el despliegue de luz, sonido y ambientación del que disfrutamos el pasado sábado en la Custom de Sevilla hizo vibrar no sólo al público hispalense, también a otros compañeros que llegaron desde provincias limítrofes para saborear la miel que deja la buena música. El foro estuvo rozando el lleno, como en las mejores citas.

 "Anunciaban un show completo capaz de explotar 
al  máximo  la  esencia  de su huella tan peculiar, y 
cumplieron ampliamente las expectativas creadas: 
despliegue de luz, sonido y ambientación. 
¡Disfrutamos!"

     Hablábamos en el cerveceo previo que el tirón para mucha gente sería ver de cerca a Leo Jiménez, pero yo quería disfrutar de Pepe Herrero, alma mater del grupo y, sin duda, el principal culpable de la magia que desprenden. Al César lo que es del César. Si a esa cabecita privilegiada le sumamos unos artistas de primer nivel y los aderezamos con una segunda guitarra, un teclado, un violín, dos coristas y un elenco de coreógrafas (llamadas Danza Rock&Metal), el resultado ya podéis imaginar cuál es. Prometían espectáculo en esta gira, y están cumpliendo su palabra; tuve la impresión de que el escenario en Sevilla se quedó un poco pequeño para tamaño montaje, pero ni siquiera ese detalle tuvo el valor de deslucirlo.

   Dividieron el concierto en cuatro actos, uno por cada disco publicado, permitiendo diferenciar así la evolución de sus creaciones. Una voz en off se encargaba de anunciar el comienzo de cada etapa y, como no podía ser de otro modo, Dios fue la punta de lanza en el Primer Acto: guitarras pesadas, oscuros ramalazos y unos músicos dispuestos a comerse al público desde el minuto uno. Stravaganzza en estado puro, con Leo demostrando por qué es uno de los mejores vocalistas de España; qué manera de alcanzar registros. Y en soledad me lamento mostró el poder que tienen los teclados y los arreglos orquestales en la banda, capaces de crear una particular atmósfera que a más de uno nos llevó a esa buscada introspección espiritual. Mi tempestad es para mí la mejor canción de ese disco, una historia tan intensa que lleva a uno de los amantes a quitarse la vida. El sentimiento que exhala no se puede describir con palabras, lo siento. Potente a la vez que conmovedora, un misil directo al alma.



    Esperaba con ansias Sentimientos, su disco más completo si atendemos a la diversidad de tonos y tiempos. Eligieron Esperanza para abrir el Segundo Acto, una bomba en la que la voz de Leo volvió a acaparar ese protagonismo que tanto le gusta. Pasión supuso la nota melancólica de la velada, un medio tiempo convertido en clásico y coreado al unísono por todos los presentes; mucho más emotivo en esta ocasión, si cabe, gracias al buen hacer de la performance sobre el escenario. Desilusión y Dolor ejercieron de perfecto contrapeso para devolver a la Custom ese ambiente tan reconocible, con continuos cambios de ritmo en los que la buena labor de Patricio Babasasa y Carlos Expósito quedó patente, muy patente. Todos estaban entregados, conscientes de que ofrecían una noche especial; el bajista, especialmente, no dejó de moverse en las más de dos horas que duró la descarga, transmitiendo cercanía y profesionalidad. Acabó este Segundo Acto con Nostalgia, hecha por y para el lucimiento de Leo: oscuridad, luces bien dirigidas y sentimiento a flor de piel. Corta, intensa y muy, muy elegante.


    Eché de menos algún tema más de este disco, como la rápida Arrepentimiento o la siempre impactante Miedo, pero aun así me pareció una selección acertada. Afirmaba Pepe Herrero en una entrevista reciente que no había que ceñirse a un único estilo de música, que siempre se pueden sacar ideas y enseñanzas de otros ritmos. Dicho y hecho: entre segundo y tercer episodio, nada mejor que la versión de Hijo de la luna para alcanzar el éxtasis colectivo, algo que se notó en la sala cuando todos coreamos cada estrofa de principio a fin. El estímulo visual que supone contemplar a ese amplio elenco de músicos y a la bailarina caracterizada con body-painting es digno de mención. Tampoco tuvo problema Leo en asegurar que era la canción que mayor reconocimiento les había traído, a pesar de no ser creación propia. Me gustó ver las caras de algunos asistentes, viva imagen de felicidad.

"El   estímulo  visual  que  supone  contemplar  a 
ese amplio  elenco   de   músicos   junto   con   las  
las  performance  es digno de mención. Me gustó 
ver las caras de algunos asistentes, viva imagen de
felicidad."


    El Tercer Acto comenzó con la siempre emotiva Deja de llorar, pieza donde sinfonía y ritmo   se compenetran de manera sublime. Es impresionante comprobar cómo va subiendo hasta alcanzar el clímax con el estribillo final; otro clásico con mensaje esperanzador, una verdadera declaración de intenciones que nos invita a creer en nosotros mismos. Y Grande… qué decir de Grande, mi canción preferida del grupo y una de las 4-5 de toda mi memoria musical, con unos demoledores riffs al estilo Pantera que vienen perfectos para un poco de headbanging. Está dedicada al buenazo de Big Simon, pero cala tan hondo que la hemos hecho propia y cada uno de nosotros se la dedica a esa persona tan especial que llevamos dentro, que jamás se nos irá de la memoria. Señor W, va por usted.
    Éste fue para mí el punto álgido del concierto; a partir de aquí la intensidad empezó a decaer, aunque sí es cierto que entramos en terreno personal: ni las extrañas melodías de Máscara de seducción ni la orquestal Requiem terminaron de convencerme a estas alturas de la descarga. A tenor de ésta última, me dejó frío que intercalaran un tema plano de siete minutos en un momento en el que se supone que la tralla debe subir exponencialmente. Despidieron este tercer episodio con Inmortal, pieza que Pepe Herrero aprovechó para ponerse tras el teclado por segunda vez y demostrar su virtuosismo más allá de la guitarra. Los acordes sonaron como cuchillos en una sala en completo y respetoso silencio.

 " `Grande´ cala tan hondo que la hemos  hecho 
propia y cada  uno  de nosotros  se  la dedica  
esa  persona  tan especial que llevamos dentro"


     Decían Leo y Pepe que en esta reunión pretendían dar especial protagonismo a Raíces, ya que apenas tuvieron oportunidad de girar con el disco; y así lo hicieron. A mí me parece una obra bastante flojita, una vuelta de tuerca en el sonido de la banda hacia acordes más comerciales; aunque las sinfonías siguen siendo marca de la casa, la fuerza decae notablemente y eso, en Stravaganzza, se llega a echar de menos. Cuestión de fe me dijo poco, la verdad, al igual que Sin Amar. Se alzaron de nuevo las espadas con Impotencia II, para la que contaron con la colaboración gutural de invitado local, aportando potencia y personalidad al tema; me gusta más la Impotencia de Sentimientos, pero reconozco que esta secuela le va bastante bien a la zaga. El pegadizo estribillo de Un millón de sueños cumplió su función de levantar al público, algo a lo que ayudó el buen trabajo de los violines. Y de Raíces… me quedo con la performance, musicalmente hablando la encuentro demasiado espesa. No la veo para finalizar los temas propios de un concierto, no. Finalizaba así el Cuarto Acto.



    Y había todavía espacio para un par de sorpresas, vaya que sí. No hablaríamos de Stravaganzza de no ser así. Me atreveré a decir que, a priori y sobre el papel, terminar un concierto en una gira de reunión con dos versiones de temas poperos puede no parecer lo más acertado, pero acabó resultando sumamente original: Desátame, de Mónica Naranjo, y Melancolía, de Camilo Sesto (¡Camilo Sesto!) pusieron el broche de oro a la descarga. El público los vociferó entregado, doy fe. Doy fe porque yo también lo hice.

   Stravaganzza dejaron muy buen sabor de boca en Sevilla, contagiaron de su fuerza al público y, lo mejor, demostraron que siguen vivos. Hay ganas de más, de mucho más. Hubo aspectos mejorables desde una percepción personal, pero hablamos de un notable alto más que merecido. Un concierto redondo. Ya lo comenté: Stravangazza me influyeron entonces, y lo siguen haciendo más de una década después.

    Fdo.: Miguel Martínez R.


         En la imagen, Miguel Martínez R., autor del texto, junto a P. Aliscar, fotografía.

    Fotografía: Pablo "Aliscar" Alarcón
      Edición digital: José Luis Alarcón Pérez 
     * Para ver su trabajo: 
       flickr.com/photos/jlalarconp       

      * Más imágenes del concierto:









































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